Tuesday, July 31, 2007

Claroscurita en la Feria


Y fuimos MaryCarmen, Bárbara, yo y la Claroscurita a la XII Feria Internacional del Libro de Lima. Su primera visita a una feria del libro (de las muchas que le espera) y nosotros nos sentíamos como padres promedio, no vinculados con el mundo literario, haciendo su única visita a la Feria: aparte de la presentación de Andrea y Miguel (a la que sólo yo me pude escapar) y la de Héctor (que nos perdimos por razones interminables de nuestra nueva condición), ignorábamos qué eventos habían este año, quiénes se presentaban, etc., y sólo estaríamos en la Feria por algo más de una hora! pues la abuela, la tía abuela y la misma Claroscurita no podían quedarse más tiempo. En fin, cést la vie; las siguientes ferias será distinto. Shayah Arella (la Claroscurita), sin embargo, estuvo de lo más encantada paseando por los pasillos, conociendo a nuestras amigas y amigos, mirando libros y sonriéndole a todos. Ni bien llegamos conoció a Giancarlo, en la cafetería se puso a coquetear con Doris y Álvaro, en el stand de Estruendomudo le sonrió a Joel y fugazmente a Rocío, que estaba sobrecargada de trabajo y dejó unos segundos de hacer boletas para conocer a la pequeña blanco y negro. Finalmente, mientras revisaba los cuentos de la vieja Navarrete, pasaron Willy y su esposa y se puso a conversar con ellos.

Puesto que la visita era principalmente de ella, muy poco fue el tiempo que nos quedó a nosotros para ver libros. Apenas pudimos ir al stand de Venezuela, donde el martes había comprado un par de libros, uno de Píndaro (una decente traducción con notas y todo) y uno de una joven poeta ecuatoriana Aleyda Quevedo, que me llamó la atención (de cuyo libro encontré una reseña en una revista que me obsequió más tarde una escritora ecuatoriana amiga de Alex Morillo). Lo remarcable de estos libros que compré fue el precio: cada uno a S/. 3. Sí, Tres Soles! Pero esta vez tuve el placer y la tristeza de ver que ya casi no quedaban libros de estas colecciones. ¡Qué placer que varias otras personas buscaran lectura y se beneficiaran con estos precios super cómodos y qué tristeza que me haya quedado yo sin varios títulos que me gustaría haber adquirido! Sólo pude llevarme ese día dos títulos de narrativa contemporánea venezolana y uno de un poeta dominicano. Ya les contaré qué tal.

Y habiendo comprado yo, y Bárbara habiendo terminado de hacer sus notas, nos fuimos apurados; pues Shayah estaba con hambre. Nuestro tiempo se había acabado y esta croniquita también.


Eberth

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